Juan Gabriel González, un vecino de Villa Lugano, murió en Navidad. La causa del deceso fueron las hemorragias internas y externas que le provocaron un proyectil de “munición múltiple” que le disparó el oficial de la Policía de la Ciudad Darian Gastón Miño. El uniformado acaba de ser procesado con prisión preventiva por el delito de “homicidio agravado por haberse cometido en abuso de su función o cargo al revestir la calidad de miembro integrante de una fuerza de seguridad”.
Así se desprende de la resolución firmada en las últimas horas por el juez nacional en lo criminal y correccional Hugo Decaria. El magistrado trabó un embargo sobre los bienes de Miño hasta cubrir la suma de $110.004.700.
“Ni más ni menos, disparó a no más de cinco metros hacia la zona abdominal de la víctima para hacerlo cesar en su lucha contra un grupo de policías dotados de tonfas que no dudaron en aplicar en la humanidad de González, para hacerlo cesar en su empresa el que -además- se encontraba visiblemente ensangrentado. El hecho de que González se hallara semidesnudo, descalzo y visiblemente herido, a la vez que claramente desarmado, puesto que arrojaba golpes de puño, resulta suficiente para afirmar que Miño (que resolvió la cuestión en poco más de una decena de segundos que mediaron entre su constitución en el lugar y el disparo fatal) no fue víctima de una agresión ilegítima por parte de quien terminara muerto, que haya justificado su accionar, primera y esencial condición para que sea procedente la legítima defensa”, sostuvo el juez Decaria al fundamentar el procesamiento del oficial de la Policía de la Ciudad.
Como se consignó, González murió el 25 de diciembre pasado. Ese día, pasadas las 13, Miño, que hasta su detención prestaba servicio en la Comisaría Vecinal 8 A de la Policía de la Ciudad, llegó a la villa 20, en el barrio porteño de Villa Lugano, en un móvil en “apoyo de compañeros” que estaban en medio de una “gresca” con vecinos.
“Logro visualizar un masculino [sic] peleando con mis compañeros, el mismo se encontraba ofuscado, se encontraba golpeando tanto al [personal] femenino como al masculino, tenía un poco de sangre en el rostro también. Mi compañera tenía una lesión en las manos de las que emanaba sangre. Bueno, cuando bajo del móvil grito que detenga su actitud, pero el masculino [la víctima] siguió agrediendo a mi compañero y es que en momentos hago un disparo de una posta de goma, hacia las chapas de la parrilla que se encontraba en el lugar. Siendo que en ese momento que hago el disparo para dispersar su acción, no tirándole de manera directa, escucho como un disparo raro, más fuerte de lo habitual, de mi lado derecho, mi intención fue tirar hacia las chapas, me hallaba a tres metros aproximadamente del agresor. El masculino se encontraba sobre la calle, y yo hago el disparo antitumulto, que sería posta de goma, hacia la vereda, hacia las chapas. En ese momento un personal femenino grita a viva voz, fuiste vos, fuiste vos, señalándome enfrente de todos. De ahí se me aproxima un compañero vestido de uniforme negro, que se desempeña en la villa. Él me dice que me retire porque me van a linchar”, sostuvo Miño durante su declaración indagatoria.
El acusado afirmó que disparó una sola vez hacia la parrilla y que escuchó el estruendo antes de que realizara el disparo, y que al mirar a su derecha vio a una “femenina morruda” que le dijo que él había matado al vecino. Sostuvo que el estruendo lo asoció a algo de mayor intensidad a una posta de goma.
Pero, según la autopsia, el proyectil que le causó las heridas de muerte a González fueron un “antitumulto”.
“Más allá de que también es objeto de imputación, tan patente era el peligro que conllevaba la utilización de escopetas con munición antitumulto contra una persona, que el propio registro fílmico de los eventos revela que la mujer policía que accionara la suya, solo lo hizo luego de tomar una distancia considerable de González a pesar de haber estado al inicio de su intervención mucho más cerca. El accionar de uno y otro da la pauta del cabal conocimiento de lo letal de su empleo de acuerdo a la proximidad del blanco. Sentado ello, los elementos de ponderación incorporados hasta el momento acreditan -con el grado de probabilidad requerido en esta etapa- que Miño aceptó el resultado muerte y persuaden de su accionar doloso en los términos expuestos”, dijo el juez en la citada resolución.
En su indagatoria, Miño, de 30 años, sostuvo que cuando egresó de la escuela policial juró “proteger a la vida y que tuvo oportunidad de ser premiado por eso”. Recordó cuando le salvó la vida a un bebé con maniobras de Heimlich.
“Soy una de las personas que más procedimientos hace y por eso me dieron un premio. El más importante [reconocimiento] es la estrella magna por entrar en un edifico en llamas y saqué a una señora y a un nene que se estaba muriendo en las escaleras”, dijo el ahora procesado.
Antes de finalizar su declaración, Miño afirmó que cuando se pone el uniforme y sale de su casa “nunca piensa en matar a nadie”.
Tras analizar las pruebas, el juez Decaria dijo: “El accionar de Miño que desencadenara la muerte de González se encuentra facilitada a partir de la mera observación y ponderación de las constancias fílmicas y fotográficas aportadas al legajo, que aportan meridiana claridad a lo sucedido y que autorizan -sin mayor esfuerzo a atribuirle responsabilidad criminal en dicho evento, en consonancia con la imputación que se le dirige”.
En el fallo, además de procesar a Miño, como había solicitado el Ministerio Público Fiscal, el magistrado sobreseyó a tres vecinos de la villa 20 que habían sido detenidos el 25 de diciembre pasado durante el operativo policial.
“Coincidiendo con la opinión del fiscal [Edgardo Orfila], en punto a que las constancias probatorias aunadas al sub examen, no permiten establecer, con el grado de certeza que esta instancia reclama, [que los tres vecinos] participaran en el evento investigado, por lo que tal como se adelantara se adoptará un criterio desvinculante”, afirmó el juez.


