La pérdida de sus derechos reales no fue el final del conflicto. Andrés Mountbatten-Windsor (65) –despojado de los títulos que poseía- seguirá pagando un altísimo precio por sus vínculos con el financista pederasta Jeffrey Epstein y por las acusaciones de abuso sexual hechas en su contra por una de las víctimas.
El ex príncipe y ex duque de York, sin embargo, no es el único miembro de la familia real afectado por el escándalo porque, a pesar de que el rey Carlos III intentó evitar que sus sobrinas Beatriz y Eugenia –hijas de Andrés y de Sarah Ferguson- sufrieran los daños colaterales por los actos de su padre, se quedarán sin un importante privilegio: no podrán vivir en Royal Lodge la mansión de 30 habitaciones, valuada en 35 millones de euros, que la Corona les había cedido a los York.
Esa propiedad, en la que Andrés vivió los últimos 22 años sin pagar una sola libra de alquiler- habría pasado directamente a sus herederas si no fuera porque el Rey decidió –luego de una larga y amarga discusión entre ellos- desalojar a su hermano cuando el escándalo Epstein escaló y sacudió a Buckingham.
Royal Lodge fue la residencia de la Reina Madre hasta su muerte, en 2002, y un año después le fue entregada a Andrés por Crown Estate, el organismo que gestiona los inmuebles de la Corona, mediante un contrato de arrendamiento que beneficiaba al entonces príncipe con un usufructo por 75 años, transferible a sus descendientes, Eugenia y Beatriz de York.

En una jugada desesperada, Andrés –que en el último tiempo habitó Royal Lodge junto a su ex mujer, Fergie, pese a que ya estaban divorciados- intentó aferrarse a la mansión pasándola en vida a sus hijas. La estrategia parece no haber dado resultado: ni el hermano de Carlos III ni su familia están, por ahora, autorizados a continuar en ese predio tan valioso.
Resuelto el espinoso asunto del desalojo, lo que falta saber es dónde vivirá Andrés Mountbatten-Windsor a partir de ahora. Algunas versiones señalan que el Rey puso a disposición de él una parte de la finca real de Sandringham. Se trata de una edificación más pequeña ubicada en Norfolk, a más de doscientos kilómetros de Windsor, algo que habla a las claras de las intenciones del monarca: alejar a Andrés –cuya imagen es sumamente negativa para la monarquía inglesa- del lugar donde vive el príncipe William y, también, del castillo en el que los Reyes suelen recibir a Jefes de Estado y representantes de otras casas reales.


