Una inmersión en la psiquis de un serial killerUna inmersión en la psiquis de un serial killer

Reseña: “Yo soy como el rey de un país lluvioso”, de Edgardo Scott

2026/02/14 11:07
Lectura de 3 min

Los asesinos seriales están, hace tiempo, de moda. Basta con una ojeada fugaz a ciertos escaparates de la industria Hollywoodense para verlos allí: geniales o groseramente limitados; perversos o apáticos; victimizados incluso, o sencillamente monstruosos. Algunos, menos esquemáticos que éstos, logran cristalizar su personalidad en el amasijo de varias facetas, dejando entrever en la sucesión de máscaras el único de sus rostros posibles.

Como fuere, la industria cultural explota esta figura por razones de lucro, desde luego; no obstante, detrás del consumo social pujan una serie de fuerzas que anidan, consciente e inconscientemente, en el corazón de una cultura. La insistencia en este sujeto que, por definición conoce, ejerce y manipula los códigos de conducta establecidos para poder quebrarlos –a los códigos, a la comunidad, a una víctima en concreto– expresa algo sobre el estado actual de ese berenjenal hiperfragmentado que denominamos, de modo simplista, sociedad occidental.

Edgardo Scott se sube al ruedo con Yo soy como el rey de un país lluvioso, una novela que se interesa menos por los efectos narrativos que por la morosa exploración de una subjetividad que imagina y fantasea, como cualquiera; que recrea escenarios y situaciones, como cualquiera; pero que, a diferencia de la mayoría, experimenta en la realidad, y sobre el cuerpo de sus víctimas –mujeres–, lo que otros cultivaban únicamente en su psiquis. Este asesino, de nombre esquivo, esquiva también cualquier intento de explicación íntegra para su extranjería moral. De unos treinta años, de intachable labor en un banco, de impoluta presencia, gasta sus sábados en viajes a Aeroparque, espacio que cifra para nuestro asesino una suerte de exorcismo. Allí, dice, se abre otra atmósfera, diferente a la de la ciudad y sus circuitos, en la que el aire que se respira sirve, antes que para vivir, para no morir. Allí contempla el río, recorre el hall central, medita y escribe con una prosa elegante, casi se podría decir, del mismo modo en que lo hace Scott: sin quitarse los guantes.

Si a mitad del siglo pasado Umberto Eco teorizaba sobre la figura de Superman, dios de la cultura de masas y mito sobre el cual una comunidad de fieles proyectaba sus aspiraciones últimas, habría que dedicarle -no aquí, claro– alguna reflexión a los serial killers y el mundo digital. Un dejo de transcendencia –más o menos prefabricada– se mantenía en pie en la época de Eco; una serie de valores sociales, debía, aún, ser custodiados. Con los asesinos actuales prevalece la consideración de que una sociedad, menos que el conjunto de tramas que la vinculan, es meramente la suma de sus individuos. Y el consumidor –no ya el ciudadano– encuentra en ellos, antes que un paradigma a seguir, la personificación de una lección que se torna cada día más difícil: aprender a sobrevivir, como sea, en un mundo cuyo peso –como sostiene el narrador de la novela– recae ya no sobre los dioses, sino sobre el tembladeral de la naturaleza humana.

Yo soy como el rey de un país lluvioso

Edgardo Scott

Interzona

224 páginas

$ 27.900

Oportunidad de mercado
Logo de ELYSIA
Precio de ELYSIA(EL)
$0.002011
$0.002011$0.002011
+1.00%
USD
Gráfico de precios en vivo de ELYSIA (EL)
Aviso legal: Los artículos republicados en este sitio provienen de plataformas públicas y se ofrecen únicamente con fines informativos. No reflejan necesariamente la opinión de MEXC. Todos los derechos pertenecen a los autores originales. Si consideras que algún contenido infringe derechos de terceros, comunícate a la dirección service@support.mexc.com para solicitar su eliminación. MEXC no garantiza la exactitud, la integridad ni la actualidad del contenido y no se responsabiliza por acciones tomadas en función de la información proporcionada. El contenido no constituye asesoría financiera, legal ni profesional, ni debe interpretarse como recomendación o respaldo por parte de MEXC.