Cuando se habla del “sueño americano”, suele asociarse con éxito económico, ascenso profesional y una vida cómoda en Estados Unidos. Para Michelle Harris, una farmacéutica estadounidense, ese modelo no era su meta. En búsqueda de otro ritmo y otras prioridades, cruzó el Atlántico y decidió instalarse en París.
La vida de Michelle estaba marcada por su trabajo corporativo en la industria farmacéutica. Ejercía su profesión en ciudades como St. Louis y luego se asentó en Nueva York. Sin embargo, las cosas comenzaron a desmoronarse, según consignó a CNN Travel.
Luego de sufrir tres pérdidas personales consecutivas, entre ellas la muerte repentina de su padre y la disminución de su trabajo de varios años, Harris empezó a replantearse su vida en la ciudad. “Fue como una lección: no puedes controlar nada”, dijo. “Hagas lo que hagas, se te puede escapar de las manos”.
Tras días de reflexión, la norteamericana decidió “destruir todo” y reconstruir su vida. Para ello, vendió su apartamento, dejó un trabajo que había conseguido en ese entonces y compró un billete de ida a Asia en enero de 2016.
A lo largo de su travesía, recorrió Japón, el sur del continente asiático y luego continuó por Australia, Sudáfrica, Europa y América.
En 2017 llegó a Perú y en la Amazonia, participó en una “ceremonia con ayahuasca”, una decocción psicoactiva tradicional de la región.
Con esta bebida, buscó experimentar nuevas formas para afrontar la tristeza que la consumía. “Sentía que había agotado todo lo que había por hacer”, señaló. “El mundo es un lugar hermoso y mágico. Pero buscaba cosas más vivenciales”.
Al ingerir el brebaje, el chamán la guio a través de meditaciones como parte de una ceremonia ritual. Allí tuvo dos visiones que marcaron su futuro: una de su padre, que la ayudó a aceptar su muerte, y otra de ella viviendo en París. “No podía pronunciar nada. No entendía las vocales… Me parecía improbable que yo viviera allí”.
Aunque al principio le parecía improbable su nuevo destino, la visión se cumplió. Al llegar a Europa, decidió instalarse en París. Allí comenzó a desarrollar una vida cotidiana, se inscribió en clases de francés y entabló relaciones sentimentales, incluyendo una unión civil (PACS) que, aunque terminó, la ayudó a integrarse en el país europeo.
Actualmente vive en Montmartre, el conocido barrio de los pintores en París. Cuenta con un apartamento en el distrito 18 que adquirió en 2022 a US$300 mil y frecuenta diferentes bares de barrio como Chez Ammad. Al emigrar a París , tenía una visa de larga duración, pero el año pasado cambió a una Pluriannuelle Titre de Séjour (visa de artista) o “pasaporte de talento”.
“Quiero ver gente que no se parezca a mí, que no hable como yo y que no haga todo lo que yo hago…”, dijo. “Y eso lo encuentras en París. Nunca estoy sola, es una vida interesante”.
Al reflexionar sobre su próximo paso, Harris afirmó que su lugar se encuentra en el barrio gótico de París. Luego de recorrer todos los continentes y vivir en Nueva York, remarcó que su sueño americano estaba en los bares de Montmartre, donde el arte y el acordeón son la música sonora diaria.
