El ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abás Araqchi, se reunió el lunes con el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, Rafael Grossi, en un encuentro técnico previo a la segunda ronda de negociaciones nucleares con Estados Unidos, programadas para este martes en Ginebra.
La cita marca un intento de restablecer la cooperación entre Teherán y el organismo de control nuclear de la ONU, interrumpida tras los ataques israelíes y estadounidenses contra instalaciones atómicas iraníes en junio de 2025.
“Acabo de terminar discusiones técnicas en profundidad con el ministro de Exteriores de Irán en preparación para importantes negociaciones programadas para mañana en Ginebra”, informó Grossi en redes sociales tras el encuentro con Araqchi y especialistas nucleares iraníes. El director del OIEA no reveló detalles del contenido de la reunión, pero el encuentro resulta significativo después de que Irán suspendiera toda cooperación con el organismo tras la guerra de doce días con Israel.
El OIEA ha perdido continuidad de conocimiento sobre el estado de las reservas de uranio iraní enriquecido al 60%, cercanas al grado necesario para armas nucleares, desde los bombardeos de junio. Antes de la guerra, Irán disponía de aproximadamente 400 kilogramos de material enriquecido a ese nivel de pureza, a un paso técnico del 90% requerido para uso militar. Grossi ha solicitado reiteradamente que Teherán permita inspecciones en las instalaciones atacadas, algo que Irán rechazó hasta ahora.
Araqchi llegó a Ginebra al frente de una delegación que incluye representantes políticos, jurídicos, técnicos y económicos, lo que indica la intención de Teherán de abordar múltiples aspectos de un posible acuerdo. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmail Baqaei, afirmó antes del viaje que el país desplegaba un “equipo completo” con “todos los expertos y representantes necesarios para opinar y tomar decisiones sobre los distintos aspectos de un acuerdo”.
El ministro iraní afirmó que acudía a Suiza con “ideas reales para lograr un acuerdo justo y equitativo”, aunque advirtió que “lo que no está sobre la mesa” es “la sumisión ante las amenazas”. Araqchi también se reunirá este martes con su homólogo omaní, Badr al Busaidi, quien ejerce como mediador en las conversaciones indirectas entre Washington y Teherán, antes de iniciar el diálogo con la delegación estadounidense.
Las negociaciones se desarrollan bajo máxima presión militar. Estados Unidos confirmó el envío del portaaviones USS Gerald R. Ford hacia Medio Oriente para sumarse al Abraham Lincoln, ya desplegado en el golfo Pérsico. El presidente Donald Trump advirtió que la nave será “necesaria” si no se alcanza un acuerdo. El despliegue simultáneo de dos portaaviones en la zona no ocurría desde junio de 2025, inmediatamente antes de los ataques contra las instalaciones nucleares iraníes en las plantas de Natanz, Fordow e Isfahan.
En paralelo, la Guardia Revolucionaria iraní inició el lunes maniobras militares en el estrecho de Ormuz, vía marítima por la que transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial. El ejercicio, denominado “Control Inteligente del estrecho de Ormuz”, busca probar la preparación de las unidades navales para proteger esta ruta estratégica. Teherán ha amenazado en repetidas ocasiones con cerrar el estrecho en represalia por cualquier ataque, lo que provocaría una crisis energética global.
El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, admitió desde Budapest que alcanzar un acuerdo será “difícil”. Washington busca ampliar el alcance de las conversaciones más allá del tema nuclear para incluir el arsenal de misiles balísticos de Irán. Teherán rechaza categóricamente estas exigencias y mantiene que solo discutirá restricciones a su programa nuclear a cambio del levantamiento de sanciones. “Estamos listos para debatir esto y otros asuntos relacionados con nuestro programa, siempre que ellos también estén dispuestos a hablar sobre las sanciones”, declaró el viceministro iraní Mayid Tajt-Ravanchi a la BBC.
La administración Trump exige que Irán acepte el “enriquecimiento cero” de uranio, algo que Teherán considera inaceptable. Baqaei insistió en que el país no ha llegado a cuestiones técnicas sobre “cuál será el nivel de enriquecimiento” o “cuántas centrifugadoras” mantendrá, pero defendió el derecho de Irán a “utilizar la energía nuclear con fines pacíficos, incluido el enriquecimiento”.
El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, quien visitó Washington la semana pasada, presionó a Trump para que cualquier acuerdo incluya la neutralización del programa de misiles iraní con un límite de alcance de 300 kilómetros, la salida de todo el uranio enriquecido del país y el cese del apoyo iraní a grupos como Hamás y Hezbolá. Netanyahu argumenta que el momento es propicio para exigir concesiones máximas, dado que Irán se encuentra debilitado tras la guerra de junio y la represión interna de protestas que dejaron miles de muertos según organizaciones de derechos humanos.
La primera ronda de conversaciones, celebrada el 6 de febrero en Mascate bajo mediación omaní, fue calificada como “buena” por ambas partes, aunque sin logros concretos. Ambas delegaciones acordaron continuar el diálogo “pronto”, pero las diferencias siguen siendo profundas.


