PARÍS.– La muerte de Quentin D., un joven militante de 23 años vinculado al colectivo antiinmigración Némésis, siguió generando conmoción política en Francia y este domingo derivó en una protesta en la plaza de la Sorbona, donde manifestantes reclamaron justicia y denunciaron la violencia política tras la agresión que terminó con su vida.
Con pancartas que señalaban a militantes antifascistas como responsables —entre ellas una con la frase “Antifa asesinos, justicia para Quentin”— los asistentes se concentraron frente a la histórica universidad parisina en homenaje al joven, fallecido el sábado después de permanecer dos días hospitalizado en estado crítico por una golpiza sufrida en Lyon.
Quentin había resultado gravemente herido el jueves por la noche, en un contexto de tensión alrededor del Instituto de Estudios Políticos (Sciences Po) de Lyon, donde se realizaba una conferencia de la eurodiputada de izquierda francopalestina Rima Hassan, del partido La Francia Insumisa. Según su entorno y el colectivo Némésis, el joven participaba en la protesta contra la presencia de la dirigente y colaboraba en tareas de seguridad para las manifestantes.
Tras los incidentes ocurridos en las inmediaciones del campus —que incluyeron enfrentamientos entre activistas de ultraderecha y grupos antifascistas— Quentin fue encontrado inconsciente por los servicios de emergencia, con una grave conmoción cerebral. Fue trasladado al hospital Édouard-Herriot.
La fiscalía de Lyon abrió una investigación por homicidio agravado y violencia agravada, mientras continúa la recolección de testimonios y la identificación de posibles responsables. Hasta el momento no se han anunciado detenciones.
El abogado de la familia describió el ataque como una “emboscada metódicamente preparada” por individuos organizados y superiores en número, algunos con el rostro cubierto, aunque las circunstancias exactas siguen bajo investigación.
Otro joven hallado junto a la víctima presentaba lesiones más leves y declaró haber sido víctima de una agresión violenta.
La muerte de Quentin provocó una inmediata reacción política. Dirigentes de derecha y extrema derecha señalaron a grupos antifascistas como responsables y reclamaron sanciones contra organizaciones militantes de izquierda.
Marine Le Pen exigió que las “milicias de extrema izquierda” sean consideradas grupos terroristas, mientras el dirigente conservador Bruno Retailleau también atribuyó el hecho a la radicalización política.
Jean-Luc Mélenchon, líder del partido Francia Insumisa, al que pertenece la eurodiputada Rima Hassan, afirmó que algunas oficinas de su partido han sido atacadas tras las declaraciones de Retailleau y Le Pen, a quienes acusó de republicar “acusaciones infundadas” contra su partido y “explotar la tragedia de Lyon”.
Desde el oficialismo, el presidente Emmanuel Macron calificó la muerte como una “atrocidad” y llamó a la calma, la moderación y el respeto, subrayando que ninguna causa o ideología puede justificar un asesinato y que los responsables deben ser identificados y condenados por la justicia.
Por su parte, referentes de la izquierda condenaron la violencia pero rechazaron las acusaciones políticas, insistiendo en que debe ser la investigación judicial la que determine responsabilidades.
El episodio ocurre en un contexto político sensible, a pocas semanas de las elecciones municipales previstas para el 15 de marzo, y profundizó las tensiones entre los extremos ideológicos en Francia. La movilización en la Sorbona reflejó ese clima: un homenaje a la víctima que, al mismo tiempo, expuso la creciente confrontación política que atraviesa al país.
Agencia AFP


