Preguntar "¿quién hizo la primera pizza?" es como preguntar quién inventó los abrazos: hay un momento en que algo se nombra, se repite y se vuelve costumbre, pero no necesariamente hay un "primer" gesto con acta notarial. Con la pizza ocurre eso: antes de ser el disco que reconocemos en una caja, fue una familia amplia de panes planos con algo encima, cocidos cerca del fuego, pensados para alimentar sin ceremonia.
La primera certeza llega por el lenguaje. La Enciclopedia Treccani ubica las primeras atestaciones medievales del término piza/pizza en el centro-sur de Italia: Nápoles (966) y Gaeta (997). Ese dato es clave porque muestra que “pizza” nombraba productos muy diversos —focaccias, panes, tortas saladas e incluso preparaciones ceremoniales— mucho antes de convertirse en el platillo específico que hoy imaginamos.
La pizza moderna no nace en un comedor aristocrático, sino en la lógica de una ciudad que necesita comer rápido y barato. La pizza “como la conocemos hoy” se origina en Nápoles como un platillo humilde ligado a la clase trabajadora. Ahí cuaja la idea central: masa extendida, horno fuerte, ingredientes directos, y una forma de comer que no pide cubiertos.
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Pizza napolitana
Si la pizza tuvo un antes y un después, lo marca el tomate. En Europa fue visto con recelo durante un tiempo— se incorporó a la pizza alrededor de 1760, y ese paso es decisivo porque transforma un pan plano “con algo” en un platillo con identidad: salsa, acidez, jugo, color; un centro que amarra todo.
La leyenda es muy conocida: en 1889, una preparación con tomate, mozzarella y albahaca se asocia a la reina Margherita y a los colores de Italia. Más allá de si fue “la primera” o solo la más simbólica, lo importante es lo que logra: ponerle relato a una comida de calle y convertirla en emblema.
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Pizza Margarita
Hoy La UNESCO reconoce el arte del pizzaiuolo napolitano como patrimonio cultural inmaterial y lo describe como una práctica con fases precisas —desde la preparación de la masa hasta el horneado— que vive en Nápoles y se transmite de maestro a aprendiz. Ese reconocimiento no “inventa” un origen, pero sí confirma algo: la pizza tiene una tradición técnica y social tan clara que ya forma parte del patrimonio de la humanidad.

