Cada invierno, algunos pekineses temerarios desafían el frío para bañarse en el lago Shichahai, en el corazón de la capital china.Cada invierno, algunos pekineses temerarios desafían el frío para bañarse en el lago Shichahai, en el corazón de la capital china.

Los nadadores que desafían las aguas heladas en Pekín

Un viento cortante barría Pekín el martes y el termómetro marcaba –7 °C. No es suficiente para disuadir a Yang Zi, de 62 años: en bañador, se lanza sin dudarlo a las aguas heladas de un lago.

"Es una manera de disfrutar de la naturaleza", explica el jubilado a la AFP.

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Cada invierno, algunos pekineses temerarios desafían el frío para bañarse en el lago Shichahai, en el corazón de la capital china.

"El aire es mejor junto a una masa de agua natural que en la piscina, donde todo está confinado", afirma el señor Yang, que probó la experiencia por primera vez en 2007.

El lugar atrae cada año sobre todo a personas mayores, aunque recientemente se han sumado otras más jóvenes, preocupados por su salud.

Entre ellos, Zhang Xin, un autónomo de 40 años: "Me resfriaba todo el tiempo".

"Pero corriendo y nadando uno puede hacerse más fuerte y mejorar su salud".

A la orilla del lago, algunos transeúntes se detienen para observar al cuarentón. Permanece alrededor de un minuto en el agua, el tiempo de dar unas brazadas de crol y mariposa.

"No se puede estar demasiado tiempo", explica el señor Zhang, que califica este baño invernal de "deporte extremo".

"Como un masaje"

Al lado, Gu Yueping, conductor de autobús de 46 años, aprovecha su pausa para darse un chapuzón.

"Una vez en el agua, es como un masaje y acupuntura en tu cuerpo", asegura.

Desde que empezó esta práctica, las largas jornadas pasadas al volante le resultan menos extenuantes.

"Cuando conduces un autobús, estás sentado todo el día", explica Gu, que sufría dolores de piernas con regularidad. "Ahora conducir ya no es tan cansado", afirma.

Los nadadores más experimentados aseguran que el calentamiento climático ha vuelto los inviernos menos cortantes.

"Cuando empezamos, siempre hacía alrededor de –10 °C durante el día", recuerda Yang Zi.

A su alrededor, algunos nadadores que han salido del agua se enjuagan con el contenido de grandes botellas de agua. Otros trotan para entrar en calor antes de zambullirse.

Para Gu, es la costumbre lo que permite resistir el frío.

"La piel registra la sensación y se acostumbra. La natación en agua fría es un pequeño momento de incomodidad, para luego tener un día de bienestar", resume.

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