Cada diciembre, el Instituto Económico Alemán publica una encuesta entre 46 asociaciones empresarias en la que releva sus expectativas para el nuevo año. La última muestra que algunos sectores —aeronáutica, construcción naval y partes de la construcción— se muestran optimistas. Pero tras tres años de estancamiento, la mayoría sigue siendo pesimista. “Quienes esperen un final rápido y contundente de la crisis económica se sentirán decepcionados en 2026”, advirtió Michael Hüther, director del instituto.
Un subproducto probable de ese pesimismo es un nuevo auge de ventas y escisiones por parte de los conglomerados industriales alemanes, lo que refuerza una tendencia que se acelera. Frente a la feroz competencia china, los aranceles estadounidenses, regulaciones engorrosas y altos costos laborales y energéticos, las empresas se desprenden de divisiones con la esperanza de volverse más competitivas. “Este año, los grupos industriales alemanes en su mayoría venderán o escindirán unidades de negocio”, anticipa Tim Johannsen-Roth, del estudio jurídico Linklaters.
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En Estados Unidos, los conglomerados pasaron de moda hace décadas. En Alemania, en cambio, conservaron vigencia durante mucho más tiempo. Gigantes como Siemens, Thyssenkrupp, Bayer y BASF ya redujeron su alcance: Bayer, hoy enfocada en ciencias de la vida, escindió su división de químicos industriales ya en 2004. Aun así, el mundo corporativo alemán sigue teniendo una dosis considerable de dispersión.
El argumento a favor de los conglomerados es que la diversificación reduce riesgos y facilita el acceso al capital, ya que las divisiones fuertes sostienen a las débiles. Los críticos replican que, dentro de un grupo diversificado, las partes más saludables quedan frenadas. Las escisiones y ventas liberan capital para invertir en las actividades centrales.
Además, los inversores parecen preferir la transparencia de empresas independientes; si quieren diversificación, pueden armarla ellos mismos combinando acciones. Los mercados suelen aplicar un “descuento por conglomerado”. El crecimiento de la inversión en fondos cotizados (ETF) aceleró la desintegración de los grupos diversificados, señala Stefan Risse, de la firma de inversiones Acatis. Muchos ETF están orientados a industrias específicas.
Siemens empezó a desarmar su estructura de conglomerado bajo la conducción de Joe Kaeser, CEO entre 2013 y 2021. En 2017 escindió Healthineers, su división de equipamiento médico, como empresa cotizante independiente. Hizo lo mismo con su brazo energético en 2020 y vendió otros negocios menores. El resultado parece haber sido positivo. La acción de Siemens casi se duplicó en los últimos tres años y subió 25% en los últimos 12 meses. Este año, Roland Busch, sucesor de Kaeser, planea reducir en 30% la participación aún restante de Siemens —dos tercios— en Healthineers. Su objetivo es que Siemens sea una empresa enfocada en tecnología industrial.
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Otros siguen un camino similar. En 2020, Thyssenkrupp vendió su altamente rentable unidad de ascensores a un consorcio de fondos de private equity para reducir la gigantesca deuda del grupo. En mayo del año pasado, Miguel López, CEO desde 2023, lanzó un plan para reestructurar la compañía remanente. Comenzó en octubre con la escisión de Thyssenkrupp Marine Systems, fabricante de submarinos. Ahora busca que las divisiones restantes se conviertan en negocios independientes bajo una estructura de holding liviana que supervise a sus filiales a través de sus consejos de supervisión. La unidad siderúrgica probablemente también salga: Thyssenkrupp lleva meses negociando su venta con Naveen Jindal, un multimillonario indio. “Probablemente primero vendan una participación mayoritaria, como hicieron con el negocio de ascensores”, señala Boris Bourdet, de la casa de bolsa Kepler Cheuvreux.
En la industria automotriz, la competencia china y las restricciones comerciales golpean con especial fuerza. Uno de sus grandes nombres, Continental, pronto escindirá ContiTech, que fabrica cintas transportadoras y mangueras industriales, el último paso de un plan para concentrarse en los neumáticos. En agosto vendió Original Equipment Solutions, un fabricante de mangueras para autos; un mes después, escindió su división de autopartes Aumovio.
En otros frentes, BASF, el gigante químico que el año pasado vendió su negocio de recubrimientos por US$9000 millones, podría desprenderse de su división agrícola. Y Bayer, más de 20 años después, podría achicarse aún más, separando los medicamentos de receta de los de venta libre o escindiendo el negocio de ciencias de los cultivos. Los tiempos difíciles agudizan el foco.

