El trabajo de más de 500 brigadistas, con equipo antiguo e insuficientes, no alcanza para controlar las llamas. Desde el gobierno provincial hablan de intencionEl trabajo de más de 500 brigadistas, con equipo antiguo e insuficientes, no alcanza para controlar las llamas. Desde el gobierno provincial hablan de intencion

Arde "El Santuario": más de seis mil hectáreas quemadas en el noroeste de Chubut y el fuego sigue descontrolado

2026/01/11 14:42

Lucas Chiappe mira piedras. Con una gorra marrón bajo la cual asoman sus pelos blanquísimos, un buzo, jean, borcegos y guantes amarillos, se para en el ángulo que pocas horas antes era su rincón de lectura, y mira las piedras, humeantes.

Hace menos de doce horas esas piedras se apilaban unas con otras, se intercalaban con troncos, material, y formaban la casa de los Chiappe, en Epuyén, “El Santuario” por el que miles de personas pasaron buscando conocimiento, amistad, fuerza para la pelea, belleza.

Hoy es un revoltijo de piedras humeantes, hierros.

“No, flaco, no puedo, mirá lo que es esto. No puedo ni hablar”.

Lucas Chiappe que tanto habló, que tanto dijo contra la implantación de pinos que desde hace décadas empuja el bosque nativo, que tanto gritó contra la instalación de un dique que hubiera hecho que Epuyén desapareciera bajo el agua, que tanto contó sobre la importancia de declarar al cerro Pirque como zona intangible y reserva natural, Lucas Chiappe, 75 años, el “enano guardián del bosque”, ahora no puede ni hablar.

El jueves 8 de enero, a última hora de la tarde, una lengua de fuego entró en la garganta de la ladera del Pirque, en el inicio del río Epuyén, y quemó la casa de Lucas y su compañera Jillian, además de otras seis viviendas. Solo en ese lugar el fuego destruyó siete casas, en el marco del peor incendio que recuerde el noroeste de la provincia de Chubut.

El que sí habla es Manu Murillo, yerno de Lucas. Él dice “Santuario” para referirse a la casa de su suegro, pero también para ese espacio vital donde Lucas y Jillian se refugiaron a fines de los ’70, escapando de la ferocidad de la dictadura y llevando consigo, y realimentando en el lugar, una lucha ambientalista que lo llevó a convertirse en una referencia regional y nacional.

Visto a la distancia, toda la región -la Comarca Andina del Paralelo 42- conforma un espacio vital que el fuego, ahora, está destruyendo. Desde el lunes 5 de enero cuando el primer foco se inició en Puerto Patriada, las llamas consumieron un estimado de más de seis mil hectáreas, decenas de viviendas y amenaza con no detener su avance.

El trabajo de más de 500 brigadistas no alcanza para controlar las llamas. Con equipamiento insuficiente y antiguo, el apasionado esfuerzo personal y colectivo de bomberos, brigadistas y autoconvocados parece por momentos insignificante ante la magnitud de la tragedia.

“El Santuario” se quema. Manu -brigadista autoconvocado- dice entre lágrimas que cuando entró la lengua de fuego fueron a atacarlo por el frente, pero que cuando cambió el viento “en diez minutos se nos vino encima”, que había casi 30 personas trabajando, y que “no hubo forma de pararlo”.

“Nos encerró. Salimos justo, entre el fuego”.

Manu piensa unos pocos segundos y dice que esa casa “era un santuario”, un lugar “que Lucas construyó hace muchos años” al que “todos los días metía mucha energía y amor”, y recuerda las “muchas vidas que fueron pasando”, los “hermanos que se criaron acá”.

Manu dice que no cree que ese lugar pueda renacer, porque “la vida era el bosque”. Y el bosque ya no está.

*

Las noticias en esta tarde del sábado 10 se enciman: el fuego que bajaba por la ladera del Pirque del lado de la localidad de El Hoyo saltó el río, amenaza viviendas y se acerca al centro de la ciudad. La policía cortó el tránsito entre Epuyén y El Hoyo. La municipalidad de Epuyén llamó a “los vecinos y visitantes de la Zona del Pedregoso, Arroyo Walter y La Angostura a evacuar preventivamente de manera ordenada y tranquila”. Hay cortes de luz preventivo y por la caída de postes. El ingreso desde la noche del viernes de una masa de aire frío enloqueció los vientos y modificó el sentido del avance del fuego.

Nadie duerme tranquilo. Desde hace varios días que los brigadistas y los bomberos duermen tres o cuatro horas, cuando pueden. Conviven en la región bomberos voluntarios, brigadistas de los Parques Nacionales, servicios provinciales de lucha contra incendios, brigadistas autoconvocados. Coordinan el ataque a las llamas, priorizan frentes del fuego a abordar, reparten los escasos equipos.

Lucas Chiappe, al centro (de gorrita), entre los bomberos que combaten el fuego. Martín Álvarez Mullally

Ninguno de la decena de bomberos y brigadistas que conversaron con elDiarioAR aceptaron dar su nombre. Todos hablan de represalias, de perder el trabajo. Y coinciden:

-Falta equipamiento terrestre. Fundamentalmente camiones cisterna, tanques de agua transportables, bombas para extracción de agua de ríos, arroyos y lagos, además de palas y otras herramientas.

-Faltan aviones hidrantes de mediana envergadura, del tipo AT-802 Fire Boss, que son los que pueden acercarse a los focos.

-El sueldo de los brigadistas es bajísimo -un ingresante cobra unos $600 mil- y entre los despidos -o en realidad, no renovaciones de contratos- y las renuncias, el número de personas destinadas es insuficiente. El Gobierno de Chubut estimó en unos 500 los afectados al operativo.

-El Boing 737 Fireliner que envió el gobierno de la provincia de Santiago del Estero no ayuda al combate de las llamas. Los brigadistas señalan dos motivos: vuela muy alto -al contrario que los hidrantes más pequeños- y con el calor que emiten los focos, el agua se evapora antes de llegar; y cuando lograr sortear esa situación la cantidad de líquido genera un desplazamiento de oxígeno al que le sigue un reingreso que aviva las llamas. Detrás de sí, el Boing deja una estela de fuego.

-Los fondos de la Provincia de Chubut para los cuarteles de Bomberos son insuficientes. Por caso, el cuartel de Epuyén no logró en casi un año un aporte para trasladar hasta la localidad un vehículo 4x4 que el cuartel logró comprar con el aporte solidario luego del incendio del verano 2024-2025.

*

En cada receso del combate a las llamas, los brigadistas y bomberos, la cara tiznada, extenuados luego de cinco días de tarea, repasan esa realidad de carencias. Desnudan su impotencia. Ponen carnadura a datos duros: la sub-ejecución del presupuesto del Servicio Nacional de Manejo del Fuego alcanzó el 60,6% en el 2024 y el 48,2% en 2025. Y el presupuesto 2026 incluye una nueva quita: los $20.131 millones asignados representan una caída real del 69% respecto a 2023.

Además, los cuarteles de bomberos de todo el país recibieron menos del 50% de los fondos que Nación debía enviarles: solo $31 millones al año por cuartel, de los $66 millones previstos.

Uno de los bomberos que cuidaba la zona del arroyo Minas en Epuyén contó a este medio que equipar correctamente a un solo efectivo cuesta más de $20 millones.

El Gobernador de Chubut, Ignacio Torres, el pasado miércoles eligió no cuestionar al Gobierno de Javier Milei y evitar responder en relación al envío de fondos, así como sobre su propia gestión de recursos específicos en relación al manejo del fuego. En cambio, decidió cuestionar la pregunta de un periodista, durante una conferencia de prensa en El Hoyo. Específicamente la pregunta apuntaba al estino de fondos enviados por Nación para palear la situación de los vecinos afectados por el incendio del año pasado.

“Yo estoy cansado de escuchar pavadas”, dijo Torres, y agregó, “no voy a tolerar ningún tipo de manifestación infundada y de mala fe en este momento, donde hay cientos de familias que la están pasando mal”. Torres se anticipó al ministro del Interior, Diego Santilli, que estaba a su lado y a quien fue dirigida la pregunta sobre el destino de los fondos. “Cuando termine la conferencia, vas a venir conmigo y con el fiscal y vas a realizar la denuncia de lo que acabás de decir, que supuestamente los recursos no llegaron donde tenían que llegar”, planteó el Gobernador, quien, sin embargo, no dio respuesta a la consulta sobre el destino de los fondos y la situación de los vecinos que aún no pudieron reconstruir sus casas.

Desde hace varios días, brigadistas y bomberos duermen tres o cuatro horas, cuando pueden. Martín Álvarez Mullally

*

A las 9,47 del jueves 8, la escritora Claudia Aboaf recibió un WhatsApp de Jillian. Le decía que estaba bien, que por ahora el fuego no había llegado, que se había autoevacuado, y que Lucas había quedado en la casa, trabajando en tareas preventivas. Doce horas después el fuego consumiría “El Santuario”.

Aboaf forma parte de un grupo de personas que a fines de los ’70 dejaron Buenos Aires para encontrar en pequeños parajes y localidades la posibilidad de desarrollar su tarea de protección ambiental y gestionar formas de “buen vivir”, en medio de la represión política y el comienzo de las políticas de depredación ambiental.

“Todos los que nos fuimos en los ‘70 de la ciudad”, explica a elDiarioAR, teníamos una doble gesta: lograr salir de las fauces de la dictadura y la otra era ir a encontrar lugares en esta misma Argentina, en un exilio interior, para desarrollar una movida ecológica“.

Lucas Chiappe y Jillian forman parte de ese grupo que, en Chascomús, San Marcos Sierra, Epuyén y muchos otros lugares, defienden desde hace más de 40 años la naturaleza, impulsaron proyectos de desarrollo conscientes del medio ambiente, y le pusieron el cuerpo a iniciativas para la preservación de los espacios vitales.

“Lo que más bronca da es que esto es producto de una policrisis anunciada”, dice Aboaf, y se refiere al avance extractivista, al desarrollo inmobiliario y turístico sin control ni respeto por el entorno, al desguace de las áreas capaces de prevenir y accionar ante la emergencia, al cambio climático y la ausencia de políticas públicas para mitigarlo.

Ahora Lucas mira las piedras humeantes. El Pirque que defendió está hecho cenizas, también su casa. Prefiere por ahora no hablar. “No puedo”, dice. Manu dice que “El Santuario” puede renacer, pero tal vez, “en otro espacio” porque “este espacio también murió. Porque la vida era el bosque”.

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