DUBAI.– Al menos seis personas murieron durante los disturbios ocurridos en Irán entre la noche del miércoles y este jueves, en las mayores protestas que azotan al país en tres años, que fueron desatadas por la inflación galopante y derivaron en incidentes y choques con la policía.
Irán sufre desde hace años un encarecimiento desenfrenado de los productos básicos y una crónica devaluación de su moneda. En diciembre, los precios aumentaron una media del 52% interanual, según el Centro de Estadísticas.
La agencia de noticias Fars y el grupo de derechos humanos Hengaw reportaron muertes en Lordegan, en el oeste del país. También las hubo en la ciudad occidental y de Kuhdasht y en la provincia central de Isfahán.
Los enfrentamientos entre manifestantes y servicios de seguridad marcan una escalada significativa en los disturbios que se extendieron desde que los comerciantes comenzaron a protestar el domingo por la depreciación de la moneda y el rápido aumento de los precios.
La Guardia Revolucionaria informó que un miembro de su unidad paramilitar Basij murió en Kuhdasht y otros 13 resultaron heridos, y apuntaron a un responsable. Hengaw dijo que el hombre, identificado como Amirhossam Khodayari Fard, era un manifestante y lo abatió la policía.
Hengaw también informó que un manifestante fue asesinado a tiros el miércoles en la provincia de Isfahan, en el centro de Irán. El jueves también se produjeron protestas en Marvdasht, en la provincia sureña de Fars. Hengaw indicó que la policía detuvo a manifestantes el miércoles en las provincias de Kermanshah, Juzestan y Hamedan.
Los disturbios se producen en un momento crítico para el régimen teocrático de Irán, ya que las sanciones occidentales golpean una economía afectada por una inflación del 40% y después de que los ataques aéreos israelíes y estadounidenses en junio tuvieran como objetivo la infraestructura nuclear y altos mandos militares.
Teherán ha respondido a las protestas con una oferta de diálogo, un gesto al parecer conciliador que sin embargo se cruzó con su respuesta de seguridad. La vocera del gobierno, Fatemeh Mohajerani, dijo que las autoridades mantendrían un diálogo directo con representantes de sindicatos y comerciantes, sin dar más detalles.
El fiscal general de la República Islámica, Mohammad Movahedi-Azad, advirtió que “cualquier intento” de transformar las protestas “en un instrumento de inseguridad, de destrucción de bienes públicos o de puesta en marcha de escenarios concebidos en el extranjero será inevitablemente seguido de una respuesta firme", según citas suyas recogidas por la televisión estatal.
El Basij es una fuerza paramilitar voluntaria leal al líder supremo, el ayatollah Alí Khamenei. Está afiliada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, que este jueves acusó a los involucrados en los disturbios en Kuhdasht de “aprovecharse del clima de protestas populares”.
Comerciantes y estudiantes de varias universidades iraníes llevan días manifestándose y cerrando los principales bazares. El gobierno paralizó gran parte del país el miércoles al declarar festivo debido al frío.
En los últimos años, las autoridades han reprimido las protestas por problemas que abarcan desde los altos precios, las sequías, los derechos de las mujeres y las libertades políticas, a menudo con estrictas medidas de seguridad y numerosos arrestos.
La economía iraní lleva años en dificultades como resultado de las sanciones estadounidenses y occidentales por el programa nuclear de Teherán. Las tensiones regionales provocaron una guerra aérea de 12 días con Israel en junio, lo que agravó aún más las finanzas del país.
Por el momento, el movimiento es menos importante que las grandes manifestaciones que sacudieron Irán a finales de 2022 tras la muerte en detención de la joven Mahsa Amini.
Su muerte tras ser arrestada por llevar supuestamente mal colocado el velo, en violación del estricto código de vestimenta vigente en Irán, provocó una ola de indignación en la que murieron varios cientos de personas, entre ellas decenas de miembros de las fuerzas de seguridad.
El presidente, Masud Pezeshkian, lanzó una advertencia a su gobierno este jueves: “Desde un punto de vista islámico, si no resolvemos el problema de los medios de subsistencia de la gente, terminaremos en el infierno“, declaró en un discurso retransmitido por televisión.
Previamente el gobierno intentó enviar mensajes tranquilizadores, reconociendo las “demandas legítimas” debido a las dificultades económicas.
Agencias Reuters y AFP


