Después de un siglo, los murales de Roberto Montenegro que conserva la Secretaría de Educación Pública (SEP) en distintos recintos a su cargo, "expresan la vigencia y dan continuidad al pensamiento de José Vasconcelos y a su modelo educativo, basado en la idea de un país con una vocación universal, latinoamericanista e impulsor de la paz", asegura el titular del ramo, Mario Delgado Carrillo.
"Refuerzan el ideal vasconcelista de una identidad nacional basada en la fusión de las raíces prehispánicas, los saberes ancestrales, las artes, el trabajo y el conocimiento moderno", agregó.
Uno de los frescos centenarios, pionero del movimiento muralista que marcó la escena artística en México durante la primera mitad del siglo XX y cuya influencia se extendió más allá de los confines nacionales, es el que el pintor tapatío plasmó en el antiguo Convento de la Encarnación, cuyo templo hoy conocemos como Salón Iberoamericano, en el edificio histórico de la SEP, sobre la calle de Luis González Obregón, pintado en 1924, que es una oda al sueño de Bolívar: "La unión de América Latina".
Y aunque ya ha sido multifestejado, junto con los frescos que Rivera y Siqueiros plasmaron en ese inmueble, el centenario del muralismo mexicano aún no concluye. En 2027 se cumplirán 100 años de los murales La Historia —también conocido como Ángel de la paz—y El cuento de Aladino, que Roberto Montenegro (Guadalajara, 1885—Ciudad de México, 1968), pintó en 1927 en la Biblioteca Abraham Lincoln del Centro Escolar Benito Juárez, en la colonia Roma de la Ciudad de México.
Delgado Carrillo explica que estas obras fueron realizadas por encargo del primer secretario de Educación Pública, José Vasconcelos, quien quiso plasmar en ese inmueble el germen de un nuevo modelo educativo que nacía en el México posrevolucionario. "Desde entonces, el muralismo no solo transformó los muros en lienzos, sino que convirtió a la educación pública en un proyecto cultural de nación".
Resaltó que la filosofía educativa vasconceliana se sustentaba en una visión latinoamericanista y, al mismo tiempo, universal, en la que la educación, como motor del progreso, debía ser un crisol de las culturas que conforman nuestra identidad nacional.
"El mural 'La Historia' o 'El Ángel de la Paz' expresa con fuerza esa aspiración. Presenta a un país que valora las letras y propugna por la paz, al tiempo que refleja una patria trabajadora y un pueblo que se une en torno a esos ideales", detalla Delgado.
Iluminado al centro por una claraboya cuyo vitral lleva el nombre de la “Biblioteca Lincoln” y el año 1927 en números romanos, el fresco tiene como eje la figura de una mujer sedente, vestida de rojo, que sostiene en la mano izquierda una hoz y en la derecha un martillo, símbolos del trabajo en el campo y la ciudad. Detrás de ella se eleva un ángel protector que extiende las palmas al frente en señal de paz.
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"El Ángel de la paz", 1927. Foto EE: J. Francisco De Anda-Corral
El secretario explica que, en el lado izquierdo, que representa el pasado histórico, se observan las carabelas de Colón, el Galeón de Manila, un maguey y una figura prehispánica, junto a los rostros de Sor Juana Inés de la Cruz, Lope de Vega y Carlos de Sigüenza y Góngora. Del lado derecho destaca un grupo de trabajadores marchando con banderas en alto, dejando atrás un paisaje fabril, acompañados por la imagen de una familia mexicana. Al centro del cielo se aprecia un avión, símbolo del progreso tecnológico de la época.
En contraste, "El cuento de Aladino" remite a otra dimensión del conocimiento: la ficción. Una narrativa que estimula la imaginación y que dialoga con la tradición de la cultura oriental, tan admirada por Vasconcelos. Con ello, el proyecto educativo no sólo promovía el estudio de la historia, sino también la formación integral del espíritu.
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El cuento de Aladino. Foto EE: J. Francisco De Anda-Corral
Comentó que, aunque estos murales no son los más tempranos ni los más célebres de Roberto Montenegro, sí representan la culminación plástica de la idea de educación concebida por José Vasconcelos. "Hoy ese legado permanece vigente en el acervo de la Secretaría de Educación Pública, cuya sede histórica alberga el Museo Vivo del Muralismo", asegura.
Finalmente, explicó que, en el despacho de Vasconcelos, al frente de la recién creada SEP, y en distintos salones del antiguo inmueble que la Secretaría aún ocupa, Montenegro sintetizó, entre 1922 y 1924, los ideales de democratización del conocimiento y de confianza en el progreso tecnológico. Ideales que siguen guiando nuestra tarea educativa: hacer de la escuela pública un espacio de libertad, identidad y transformación social.
Al respecto, la directora del Museo Vivo del Muralismo (MVM), Gloria Angélica Falcón Martínez, frente a un mural, también de Montenegro, explica: "Aquí tenemos otros ejemplos de las ideas de esa Secretaría de Educación Pública que estaba naciendo en los años 20 y cómo quería Vasconcelos que se reflejaran en diferentes centros educativos. Tenemos representada, en el mismo despacho del titular de la Secretaría, la literatura a partir del retrato de Gabriela Mistral, y la dramaturgia a partir del retrato de la actriz y cantante argentina Berta Singerman".
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Gloria Falcón en el despacho de Vasconcelos. Foto EE: J. Francisco De Anda
"En varios centros educativos que se planearon en la época en estos primeros años Vasconcelos pedía que estas escuelas tuvieran representaciones que evocaran a la literatura y a la poesía para inspirar a los alumnos a que leyeran, que era uno de los pilares fundamentales de la educación", añade Falcón.
El MVM no sólo mantiene vigente el espíritu transformador de Vasconcelos, sino que lo actualiza y enriquece, incorporando a su acervo obras que integran a la narrativa problemáticas contemporáneas como la migración y la aportación de las mujeres al conjunto de las artes y la historia, como es el caso del mural "Desplazamiento" (2024), de Alberto Castro Leñero, y el díptico "La música y la tragedia" (1946), de María Izquierdo.
El ideal de la patria grande, enarbolado por Simón Bolívar, halló en José Vasconcelos cien años después a un fiel intérprete e impulsor en el muralismo mexicano. De ello da cuenta la obra al fresco de Montenegro "La unión de América Latina" que transformó el Templo de la Encarnación del Divino Verbo, parte del conjunto conventual del siglo XVI, en una magnífica biblioteca, actualmente Salón Iberoamericano de la SEP.
En él se expresan varios elementos que sintetizan esta idea de una filosofía de la historia vasconceliana: un mapa del América Latina con figuras que remiten a los grabados de Theodor de Bry, que remata en una mujer con una cabellera color fuego que sostiene en sus brazos extendidos una hoz y un martillo y dividen el mural en dos partes; donde por un lado aparecen los primeros exploradores y conquistadores de América (Hernán Cortés, Américo Vespucio, Cristóbal Colón, Francisco Pizarro, Vasco Núñez de Balboa) y por el lado derecho los libertadores (Hidalgo, Bolívar, Sucre, San Martín y Da Silva Xavier), ambos grupos flanqueados por dos figuras humanas, una maya y otra inca, como representantes de estas grandes civilizaciones previas a la llegada de los europeos, y en la base de ambos conjuntos, dos medallones en los que figuran el dramaturgo Juan Ruiz de Alarcón y el poeta Rubén Darío, explica Falcón Martínez.
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"La unión de América Latina". Foto EE: J. Francisco De Anda
Un elemento que pasa casi inadvertido es la cartela dedicada a fray Servando Teresa de Mier pintada por Montenegro al centro del muro lateral de la nave principal en la que reproduce una parte del discurso del clérigo ante el Congreso de Anáhuac en 1824 proponiendo la ciudadanía mexicana para Simón Bolívar por sus "servicios patrióticos". En ella también está inscrita la fecha de ejecución del mural (1924). Esta tarea, también encargada por Vasconcelos al pintor, es en memoria del Libertador y para honrar uno de los primeros intentos de México por estrechar los lazos con los territorios emancipados de Latinoamérica, uno de los principios que hoy siguen vigentes en el pensamiento y en la política exterior de México.
Como colofón, es de destacar el mural en cerámica creado por Luis Nishizawa en el coro bajo del recinto, denominado "La imagen del hombre" (1991), que da continuidad al pensamiento vasconcelista de una identidad nacional basada en la fusión de las raíces prehispánicas, los saberes ancestrales, las artes, el trabajo y el conocimiento moderno.
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"La imagen del hombre", 1991. Foto EE: J. Francisco De Anda
"Estos murales han transformado este espacio en un lugar de reunión y disfrute para nuestros visitantes que se acercan a conocer el patrimonio artístico con el que contamos, que nos muestra también una gran destreza técnica y esta insistencia de generar imágenes que representan los principios del conocimiento que la SEP ha defendido en toda su trayectoria", concluye Gloria Falcón.
Los murales pueden visitarse en:
