Cada 27 de febrero se conmemora el Día Internacional del Trasplante de Órganos, una jornada destinada a promover la donación voluntaria y a reconocer el trabajo de los equipos médicos que hacen posible estos procedimientos que salvan vidas.
La fecha pone el foco en la importancia de la solidaridad social: un solo donante puede beneficiar a múltiples personas que esperan un órgano para continuar viviendo o mejorar su calidad de vida. Riñón, hígado, corazón, pulmón y córneas son algunos de los órganos y tejidos que pueden ser trasplantados.
En Argentina, el organismo responsable de coordinar y fiscalizar la actividad es el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai), que administra la lista única de espera y regula el sistema en todo el país. Desde la sanción de la Ley 27.447 —conocida como “Ley Justina”— todas las personas mayores de 18 años son consideradas donantes, salvo que hayan manifestado expresamente su voluntad en contrario.
La jornada también busca visibilizar a quienes atraviesan la espera de un órgano, un proceso que suele estar marcado por la incertidumbre y la urgencia médica. Detrás de cada cifra hay historias personales, familias y equipos de salud que trabajan contrarreloj.
El Día Internacional del Trasplante de Órganos no es solo una efeméride sanitaria: es un llamado a la conciencia colectiva sobre el valor de la donación como acto altruista y transformador. Porque donar órganos es, en definitiva, dar una nueva oportunidad de vida.

