“La incertidumbre se ha convertido en un sentimiento agobiante para muchos habitantes del planeta”, sentenció el escritor cubano Leonardo Padura en su última columna en el diario madrileño El País. Era la introducción para meterse en lo que más conoce y más le duele: la situación de Cuba. Yendo de lo universal a lo particular. Solo una treta narrativa. Él sigue a Tolstoi y cuando pinta su aldea, también pinta el mundo. Un mundo, el cubano, inverosímil, esperpéntico y caricaturesco, que exagera rasgos. Y atrasa. Tanto como puede anticipar.
La conclusión de Padura sobre el incierto tiempo que nos toca no solo es una percepción surgida de la desquiciada vivencia cubana, ni de las angustias personales de sus seguidores de muchos países. Es un fenómeno estudiado por la sociología y la psicología. La incertidumbre agobia, genera desconfianza, posterga decisiones, “fomenta la ansiedad y la ira”, que en el mundo democrático se traduce en el voto a partidos antisistema. Lo afirma el sociólogo vasco Eguzki Urteaga en la revista de la Universidad Complutense de Madrid. Nada que sorprenda por acá. Entre muchos atrasos, a veces la Argentina es un espejo que adelanta. Lo incierto sigue siendo la gran certeza.


