La introducción de maquinaria reduce el costo real de producción - en este caso, el costo de coordinar transporte -  y empuja al sistema hacia nuevos precios “nLa introducción de maquinaria reduce el costo real de producción - en este caso, el costo de coordinar transporte -  y empuja al sistema hacia nuevos precios “n

¿Quién se queda con el excedente en la era de la IA? Una lectura Ricardiana del shock tecnológico

2026/02/16 18:01
Lectura de 6 min

Durante dos siglos, la economía moderna se construyó alrededor de una idea tan simple como poderosa: el trabajo humano es el centro de la producción, del valor y del conflicto social. Esa intuición, formulada con rigor por David Ricardo a inicios del siglo XIX, dio forma a conceptos que todavía usamos sin cuestionar: salarios, productividad, renta, comercio internacional.

Pero hoy estamos entrando a una fase histórica que Ricardo jamás pudo observar, aunque sí habría entendido mejor que muchos economistas contemporáneos: una economía donde el trabajo humano deja de ser el factor decisivo.

La combinación de inteligencia artificial para software, robots que apoyan el trabajo manual y robots que lo sustituyen por completo - sin entrenamiento continuo ni jubilación - no es una simple mejora tecnológica. Es una ruptura conceptual. Y, como buen economista político, Ricardo no preguntaría primero qué tan eficiente es, sino quién se queda con el excedente.

En el nuevo mundo de la IA y los agentes, el costo marginal de producir software tiende a cero. Una vez entrenado un modelo, replicarlo no requiere más trabajo humano significativo. Para Ricardo, esto habría sido una señal inequívoca: el valor ya no puede anclarse en horas de trabajo. El excedente no surge del esfuerzo adicional, sino del control de activos escasos artificialmente: datos, modelos propietarios, capacidad de cómputo, licencias. La renta ya no proviene de la tierra, sino del conocimiento encapsulado.

Cuando los robots solo apoyan al trabajador - aumentando precisión, fuerza o seguridad -la economía clásica todavía respira. La productividad sube, los precios naturales bajan y, bajo ciertas condiciones institucionales, los salarios reales pueden mejorar. Este es el escenario que muchos políticos celebran: tecnología sin conflicto. Ricardo aceptaría este optimismo, pero lo consideraría frágil y transitorio.

La verdadera ruptura aparece con los robots que sustituyen completamente el trabajo humano y no participan del ciclo laboral: no se entrenan como aprendices, no enferman, no negocian salarios, no se jubilan. Aquí, diría Ricardo, ya no estamos hablando de capital en el sentido clásico. Estamos frente a sistemas productivos autónomos cuyo límite no es el trabajo, sino el acceso.

Cuando el trabajo deja de ser necesario, el salario deja de ser la variable central. El conflicto económico se desplaza: ya no es entre trabajadores y capitalistas, sino entre quienes tienen acceso al sistema automático y quienes quedan excluidos de él. El precio ya no refleja esfuerzo ni escasez natural, sino derechos de uso y cuellos de botella diseñados.

Incluso su célebre teoría de la ventaja comparativa cambiaría de signo. En un mundo de automatización avanzada, los países no compiten por productividad laboral, sino por control de sistemas automáticos. Unos exportan capacidad productiva encapsulada; otros exportan presencia humana, servicios de cuidado o flexibilidad social. El comercio deja de ser neutral y se vuelve estructuralmente asimétrico.

Viajando de Oxford a Bristol, y antes de desviarse para visitar Bath, se encuentra la Iglesia de St Nicholas, en Hardenhuish, cuya principal singularidad es que ahí reposan apaciblemente los restos de David Ricardo. Pero creo que esta semana, por lo ocurrido[1], seguramente se dio un revuelco en su tumba.

Lo que ocurrió fue, esencialmente, un shock narrativo de productividad que el mercado procesó como si fuera inmediato y sistémico. Una empresa muy pequeña, Algorhythm Holdings, que hasta hace poco vendía sistemas de karaoke para automóviles, anunció el lanzamiento de SemiCab (https://semicab.com/), una herramienta de inteligencia artificial para coordinación logística y freight brokerage. La promesa era explosiva: escalar operaciones entre 300 % y 400 % sin aumentar personal. Esa afirmación bastó para que los inversionistas reinterpretaran el riesgo estructural de toda la industria logística, especialmente de las empresas cuyo valor depende de la coordinación humana intensiva vía llamadas, correos y back-office.

La reacción bursátil fue violenta. Mientras Algorhythm subía con fuerza, las acciones de grandes operadores logísticos en Estados Unidos y Europa se desplomaban en cuestión de horas. No fue una validación técnica del producto - nadie demostró ese día que SemiCab funcione a esa escala - sino una evaluación preventiva del modelo de negocio. El mercado no castigó resultados presentes, sino la posibilidad de que la coordinación logística se “agentice” y deje de ser un cuello de botella protegido por tamaño, relaciones comerciales o inercia operativa. Fue vender primero y preguntar después.

Desde una perspectiva económica clásica, David Ricardo habría entendido este episodio como la irrupción de “maquinaria” en un sector que hasta ahora dependía del trabajo humano especializado. Para Ricardo, la introducción de maquinaria reduce el costo real de producción - en este caso, el costo de coordinar transporte - y empuja al sistema hacia nuevos precios “naturales”. La volatilidad que vimos corresponde al precio de mercado reaccionando al cambio esperado en productividad, no todavía a un nuevo equilibrio real.

Ricardo también advertiría algo incómodo pero crucial: la ganancia agregada no se distribuye de forma simétrica. La automatización puede aumentar el excedente total del sistema, pero en el corto y mediano plazo perjudica a ciertos trabajadores, especialmente aquellos cuya función principal es la intermediación manual. En este caso, los brokers humanos. El capital - quien controla la plataforma o el software - tiende a capturar primero el beneficio, mientras el trabajo sufre la transición. Esta tensión distributiva es exactamente la que hoy empieza a reflejarse en los precios de las acciones.

Al mismo tiempo, Ricardo no sería puramente pesimista. Si herramientas como SemiCab reducen fricción, tiempos muertos y “empty miles”, el comercio se abarata y se expande. Eso amplifica la especialización y la ventaja comparativa: más carga se mueve, más eficientemente, entre más regiones. El sistema económico en su conjunto puede ganar, incluso si ciertos modelos de negocio desaparecen o se transforman radicalmente.

Ricardo probablemente desconfiaría del dramatismo del momento. Diría que el mercado está anticipando un cambio profundo antes de tener evidencia sólida de que la tecnología sea realmente generalizable, robusta y escalable. No negaría la dirección del cambio, pero sí cuestiona la velocidad con la que se descuenta. En ese sentido, lo ocurrido no es todavía la confirmación de una revolución logística, sino la señal de que los inversionistas empiezan a entender que la coordinación - en logística, finanzas, seguros o bienes raíces - ya no es un refugio seguro frente a los agentes de IA.

Ricardo no habría sido ni tecnófobo ni ingenuamente optimista. Habría dicho algo incómodo para nuestra época: la tecnología no elimina la economía política, la hace más visible. La pregunta clave sigue siendo la misma que hace dos siglos, pero ahora con mayor urgencia: ¿quién tiene derecho al excedente cuando el trabajo humano ya no es el motor de la producción?

La respuesta no está en el mercado por sí solo. Nunca lo estuvo. Y fingir que esta vez será distinto es, precisamente, olvidar a Ricardo en el momento en que más falta nos hace.

[1] https://www.theguardian.com/business/2026/feb/13/trucking-logistics-shares-ai-freight-tool-launch-semicab-algorhythm

Oportunidad de mercado
Logo de Lagrange
Precio de Lagrange(LA)
$0.20631
$0.20631$0.20631
-2.18%
USD
Gráfico de precios en vivo de Lagrange (LA)
Aviso legal: Los artículos republicados en este sitio provienen de plataformas públicas y se ofrecen únicamente con fines informativos. No reflejan necesariamente la opinión de MEXC. Todos los derechos pertenecen a los autores originales. Si consideras que algún contenido infringe derechos de terceros, comunícate a la dirección service@support.mexc.com para solicitar su eliminación. MEXC no garantiza la exactitud, la integridad ni la actualidad del contenido y no se responsabiliza por acciones tomadas en función de la información proporcionada. El contenido no constituye asesoría financiera, legal ni profesional, ni debe interpretarse como recomendación o respaldo por parte de MEXC.