En un entorno global marcado por la reconfiguración de las cadenas de suministro, la competencia por atraer inversión y la necesidad de crecimiento sostenible, México y Canadá tienen ante sí una oportunidad histórica para profundizar su relación económica bajo una asociación estratégica e integral.
Durante décadas, ambos países han construido complementariedades productivas y una visión compartida sobre la importancia del comercio abierto y la cooperación.
Sin embargo, el momento actual exige ir más allá de los marcos tradicionales y concentrarse en sectores capaces de detonar desarrollo económico de largo plazo.
En ese contexto, la visita de la misión de empresarios canadienses que esta semana se encuentra en México —encabezada por el ministro Dominic LeBlanc— adquiere una relevancia particular.
Dos de esos sectores estratégicos son la energía y la infraestructura. Tanto el Plan México como el nuevo Plan de Infraestructura, impulsados por el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, requerirán insumos energéticos confiables, competitivos y suficientes para impulsar la industrialización, atraer nuevas inversiones y generar empleos.
Canadá, por su parte, cuenta con experiencia técnica, capacidades financieras y empresas con una clara vocación de asociación de largo plazo.
Entender cómo estas fortalezas pueden complementarse es clave para robustecer el comercio bilateral y la competitividad regional.
Un ejemplo concreto de lo que puede lograrse cuando México y Canadá colaboran estratégicamente es el proyecto Puerta al Sureste.
Se trata de una iniciativa en la que una empresa canadiense, con décadas de experiencia en infraestructura energética, se asoció con el gobierno mexicano para construir la infraestructura para suministrar gas natural al sureste del país, de forma competitiva, confiable y segura.
Más allá de la obra en sí, el proyecto demuestra cómo la combinación de experiencia internacional, visión de largo plazo y cooperación público-privada puede traducirse en beneficios tangibles: energía más accesible para el sureste de México, creando condiciones propicias para atraer inversión industrial y un impulso directo al desarrollo económico de una de las zonas con mayor potencial de crecimiento en México.
Este tipo de colaboraciones también deja una lección clara sobre uno de los retos estructurales que enfrenta el país para atraer inversión productiva: la gestión territorial y el blindaje en los derechos de vía.
Para avanzar hacia una gobernanza territorial moderna, México puede considerar ajustes institucionales que den mayor claridad a los proyectos de utilidad pública.
Esto implica contar con mecanismos que permitan distinguir entre objeciones particulares y obras estratégicas que fomentan desarrollo regional, de modo que estas últimas no queden paralizadas de manera indefinida pese a cumplir con todos los requisitos de ley.
Dar certeza jurídica sobre cuándo un proyecto está en condiciones de avanzar, protegiendo derechos, pero también reconociendo su valor colectivo, fortalecería la confianza en el territorio y enviaría una señal clara de que México está listo para habilitar infraestructura de largo plazo que impulsa la competitividad.
La experiencia demuestra que estos desafíos pueden resolverse cuando se abordan desde una lógica de corresponsabilidad entre autoridades, empresas y comunidades.
Lejos de ser un obstáculo, la participación temprana, la transparencia y el diálogo abierto y directo permiten destrabar proyectos estratégicos y potencializar su impacto económico, y atraer inversiones sociales.
Cuando existe claridad institucional y voluntad de colaboración, la infraestructura se convierte en una palanca efectiva de desarrollo regional.
La relación México–Canadá debe entenderse, además, como un camino de doble vía. México es un mercado de más de 130 millones de personas, con una población económicamente activa, robusta y con una creciente capacidad de consumo.
Al mismo tiempo, las empresas mexicanas cuentan con el talento y el potencial para invertir y crecer en Canadá. Fomentar esta visión bidireccional fortalecerá la integración económica de América del Norte.
Canadá apuesta por México, con la mayor misión comercial en su historia, enviando un mensaje claro: invertir, asociarse y pensar estratégicamente.
Si ambos países aprovechan este momento, no solo profundizarán su relación bilateral, sino que estarán mejor posicionados para competir juntos en el nuevo orden económico global, abonando a la región más próspera del mundo, que es América del Norte.

