Para bajar de peso y quemar esa grasa molesta, ¿debemos concentrarnos en lo que comemos o en cuánto nos movemos?
Conocer la respuesta a esta pregunta es la clave para mantener la "grasa peligrosa" alejada de los órganos y evitar la obesidad. Por fortuna, un estudio logró responder el enigma.
El resultado central no se trata de elegir un ganador, sino de entender cómo funciona cada factor por separado y, lo más importante, cómo actúan juntos.
Para responder a esta pregunta, es crucial saber de qué grasa estamos hablando. La “grasa peligrosa” o grasa visceral (VAT) es aquella que se almacena alrededor de los órganos internos, en el abdomen, y está asociada a mayores riesgos de salud.
Si una persona solo mejora la calidad de su dieta, podría tener buenos resultados a corto plazo, pero no es lo ideal para mantener los beneficios.
El estudio, publicado en JAMA Network Open, demostró que mejorar la calidad de la dieta y aumentar la actividad física son igual de importantes para estos fines.
Aun así, la dieta mantiene una asociación importante y única. La reducción en la grasa peligrosa (VAT) y la circunferencia de la cintura se mantuvieron, incluso después de ajustar el resultado por la pérdida de peso total.
Esto quiere decir que mejorar la dieta, junto con el ejercicio, es particularmente efectivo para reducir esos depósitos de grasa metabólicamente dañinos.
Si la actividad física es el motor que produce la mayor pérdida, la dieta es el mapa que asegura que la reducción de grasa ocurra en los lugares correctos.
La mejor parte es que se pueden tener estos beneficios con los movimientos de la rutina cotidiana, como caminar y subir escaleras, no necesariamente un tipo específico de ejercicio estructurado.
La investigación mostró que, si bien todos se benefician de moverse y comer mejor, hay dos grupos específicos donde los efectos son mucho más dramáticos, como si recibieran un "impulso extra".
Estas son las personas que obtienen los mayores beneficios potenciales:
Por ejemplo, al aumentar la actividad física, las personas que ya tenían sobrepeso (IMC de 25 o más) experimentaron una reducción de grasa corporal de 1.74 kg, mientras que aquellas con peso normal vieron una reducción de 0.96 kg.
El aumento del movimiento diario es el agente más poderoso para la pérdida de peso general, mientras que mejorar la calidad de la dieta asegura que esa pérdida se dirija eficientemente hacia la grasa más dañina (visceral).


